Volvemos con un nuevo episodio de epicanto para intentar arrojar algo de luz sobre una de nuestras obsesiones recurrentes: la cuestión de la relevancia. ¿Cómo pueden las editoriales contribuir a que un libro sea relevante para su comunidad de lectores? Parece que la relevancia funciona como una suerte de «materia oscura»: un elemento invisible pero decisivo, difícil de formular, que sin embargo determina qué libros consiguen abrirse paso y hacerse un lugar.
Para intentar desentrañar este misterio contamos con Marta Sebastián, actual responsable de prensa de Siglo XXI España. Marta es una de esas figuras que, desde un trabajo discreto y preciso, ha acompañado el camino de sellos tan fundamentales como Siruela, Maeva, Galaxia Gutenberg o Herder Editorial. Su trayectoria está marcada por hitos de una gran magnitud dentro del mundo cultural: desde su etapa en Cabaret Voltaire, donde gestionó la comunicación del Premio Nobel de Annie Ernaux y el Premio Goncourt de Leïla Slimani, hasta trabajar en los reconocimientos de la cantaora Carmen Linares, gestionando la comunicación de galardones como el Premio Princesa de Asturias o los Latin Grammy. En nuestra charla, Marta nos abre las puertas a su experiencia y nos ayuda a entender que la comunicación editorial es la artesanía de confeccionar un «traje a medida» para cada libro. Lejos de ser una mecánica gestión de contactos, Marta reivindica el valor de la agenda construida con los años y, especialmente, el papel fundamental de la prensa cultural y las redacciones como interlocutores necesarios para que cada libro pueda encontrar su camino.
Exploramos cómo cada obra posee su propia brújula y cómo la labor de quien comunica consiste en hallar la ruta precisa que une el texto con su comunidad de lectores. En definitiva, una defensa del oficio pausado y del criterio para navegar el vértigo de la abundante producción editorial.
Dónde escucharlo
Trascripción
Raúl E. Asencio: Hola, Marta. Muchísimas gracias por invitarnos a la sede de Siglo XXI España. En estas conversaciones normalmente nos gusta traer sobre la mesa alguna charla, preocupación u obsesión que nos viene ocupando en nuestros ratos de debate y discusión. Hoy hay una que realmente nos atraviesa: la cuestión sobre qué vías, qué caminos o qué misteriosos senderos conectan los libros con los lectores.
Carlos Rod, el editor de La Uña Rota —merecidísimo Premio a la Mejor Labor Editorial este año—, cuando le entrevistaban para preguntarle cuál era el gran reto al que se enfrentaba una editorial como la suya (que publica teatro, ensayo experimental y edita fuera de Madrid y Barcelona), dio una clave muy interesante. Dijo que el verdadero reto era conectar a los libros con sus potenciales lectores. Esa labor de conectar los libros con sus lectores es fundamental y una de las más complejas de la labor editorial. Quizá podríamos hablar de relevancia, pero una relevancia entendida en las coordenadas y necesidades de cada libro.
María Trapero: Pero claro, la cuestión de la relevancia es dificilísima; es una especie de materia oscura, inexacta, que no conocemos. ¿Cómo se llega hasta ahí? Es una especie de pócima indescifrable.
Además, hay libros que lo que necesitan es ser lanzados a lugares insospechados; otros, sin embargo, tienen que estar donde deben estar. Es como un baile bastante complejo. Queríamos aprovechar esta oportunidad para ver si nos podías dar alguna clave. Como sospechamos que ha cambiado bastante el mundo de la comunicación y la promoción editorial en los últimos quince o veinte años, empezamos por preguntarte sobre tus inicios y tu trayectoria. Cuéntanos un poco.
Marta Sebastián: Lo primero, daros las gracias por haberos acercado a la sede de Siglo XXI Editores, donde trabajo actualmente desde hace un par de años. Me alegra que hayas comenzado la conversación con Carlos Rod, porque todo comenzó en los estudios universitarios. Yo estudié en Segovia; empecé en el 95 y allí conocí a Carlos con La Uña Rota cuando estaban empezando. Era un proyecto súper personal. Así que, cuando ha recibido los honores que merece, lo he celebrado como algo propio por ser un proyecto tan especial.
Estudié la carrera y luego un máster de Gestión Cultural en la Carlos III, que es muy amplio y da espacio a distintas disciplinas artísticas. A mí el libro siempre me había llamado mucho, aunque no sabía de qué manera. No conocía esta figura profesional, pero muchas veces se hace camino al andar. Cuando terminé, estuve en el Museo Thyssen-Bornemisza y después empecé a trabajar donde realmente aprendí el oficio: con Blanca Navarro en Disueño Comunicación.
Allí estuve doce años. Era una agencia especializada en el sector cultural, con especial énfasis en el editorial. Siempre atendíamos al mismo tipo de editorial mediana e independiente —a veces de no ficción, otras de novela o infantil—, aunque de manera puntual algunas editoriales grandes nos contrataban para temas que, por agenda o capacidad, no podían llevar. Eso nos permitía ver cómo funcionaban también los grandes grupos.
María Trapero: Antes de que continúes, ¿con qué editoriales trabajaste en Disueño?
Marta Sebastián: Era una maravilla porque en aquel momento llevábamos Siruela, Maeva, Galaxia Gutenberg o Herder Editorial. A veces llevábamos la comunicación integral de toda la editorial y otras veces lanzamientos puntuales, como los primeros títulos de Pastel de Luna o Círculo de Tiza. Es un comienzo en el que ves todas las posibilidades que hay; para cada editorial tienes que buscar cuáles son sus fortalezas y cómo llegar a su público. Fue la mejor escuela.
Después, por cuestiones de la vida, me llamaron de un festival internacional, el Flamenco Festival, que tiene sedes en Estados Unidos y Reino Unido. Querían comunicación generalista porque ya salían en los medios especializados y buscaban llegar a televisiones y medios convencionales. Ahí entré en contacto con el flamenco y, por suerte, desde entonces no lo he soltado.
Luego me llamaron de Cabaret Voltaire. Cuando ellos contrataron Canción dulce de Leïla Slimani, todavía no le habían dado el Goncourt. Cuando se lo dieron, no tenían estructura para mover toda esa prensa y me encargué yo en Disueño. Fue una gozada; con Leïla se trabaja de maravilla. Tiempo después, hablando con el editor en la Feria del Libro, me propuso incorporarme a Cabaret Voltaire y allí estuve otros cinco o seis años. Pasaron muchas cosas buenas: Leïla publicó la saga de El país de los otros y ganó el premio de los libreros de Madrid y de Cataluña. No suele pasar que el mismo libro gane en traducción y en castellano. En 2021 le dieron el Premio Formentor a Annie Ernaux y en 2022 el Nobel. Fue un ciclo maravilloso en el que conocí a autores estupendos.
Finalmente, me llamaron de Siglo XXI. La editorial está en un proceso de cambio muy interesante. Es otro formato: una editorial con sesenta años de historia y presencia multinacional en España, México y Argentina. Es un proyecto grande, con un equipo joven y otras posibilidades. Y aquí estoy, muy contenta.
Raúl E. Asencio: Todos tenemos la experiencia de pelear un libro difícil cuyos lectores hay que buscar. ¿Cómo es trabajar un Premio Nobel o un Goncourt? Entiendo que es distinto a un autor novel.
Marta Sebastián: Tú pones el foco en encontrar a los lectores, pero a lo mejor son ellos los que tienen que encontrar el libro.
Claro, no es lo mismo. Con Annie Ernaux llevábamos años haciendo una labor didáctica importante. Cuando entré en 2018, no todo el mundo sabía quién era. Había que encontrar a esas lecturas y que esas lecturas la encontraran a ella. Se trabajó con librerías, medios y lectores. Una vez que cae un libro de Annie en tus manos, te das cuenta de que es increíble.
Se hizo una base muy sólida y fiel de lectores. Cuando le dieron el Nobel fue muy celebrado; era como si nos lo hubieran dado a todas. Quizá otros Nobel son más específicos y no se celebran igual, pero aquí la comunidad era muy grande.
María Trapero: ¿Cómo fue el día que os enterasteis en la editorial?
Marta Sebastián: Estábamos en la editorial con la traductora Malika Embarek y a la una se cantaba el Nobel. Estábamos preparados porque intuíamos que podía ser, por el contexto social y su relevancia. Annie Ernaux lleva toda la vida escribiendo, pero desde 2016 su masa de lectoras en toda Europa había aumentado mucho, con un perfil de mujeres muy jóvenes que conectan con ella porque las interpela directamente. No habla de cosas lejanas, les dice: «cuidado, que si no os ponéis las pilas, volvemos atrás con el aborto».
Pusimos el directo y, cuando empezaron a leer las justificaciones del jurado sobre su compromiso social, dijimos: «es ella». ¿Cómo se celebra? Pues no te da tiempo ni a los gritos ni al champán porque empieza a llamarte todo el mundo. Teníamos los materiales preparados porque siempre hay que estar listos. Lanzamos la nota de prensa y atendimos a los compañeros de los medios. Hay que ser profesional en ese momento; ya se celebraría después. De hecho, lo llevo celebrando desde entonces.
Raúl E. Asencio: ¿Cómo es tu relación con ella?
Marta Sebastián: La primera vez que le escribí en 2018 para que viniera a España de promoción, me dijo que no tenía muchas ganas. Yo le dije que no se preocupara, que la acompañaría y que trabajaría a su servicio para ganarme su confianza. Al principio nos escribíamos en inglés, pero como ella lo entiende pero no lo habla con soltura, le propuse que yo le escribiera en inglés y ella me contestara en francé. Mientras, yo estudiaba francés. Al final ya podía escribirle yo en francés para facilitárselo todo.
En 2019, con el Premio Formentor, nos conocimos en persona. Me gusta tratar a los autores como lo que son: artistas. Hay que cuidarles y consentirles porque ellos son los que se entregan; lo que hago yo lo puede hacer cualquiera, pero ellos son los importantes. Nos caímos muy bien. Luego volvió a España justo el año del Nobel, pero antes de que se lo dieran. Tengo fotos paseando con ella por Plaza de España y me gustan mucho porque aún no había salido la noticia. Seguimos felicitándonos los cumpleaños y, cuando me fui de la anterior editorial, me mandó un mensaje de despedida súper bonito. Cuando se es Premio Nobel y se es elegante, se es hasta para escribir un email.
Raúl E. Asencio: Después de este aperitivo, podríamos hacer una panorámica de la labor de comunicación. ¿En qué momento de la producción del libro te llega a ti?
Marta Sebastián: Hay una reunión previa, quizá medio año o un año antes, donde ya tienes un calendario. A veces hay que tirar de efemérides. Por ejemplo, para el 80º aniversario del movimiento peronista, planeas con mucha antelación hacerlo coincidir porque facilita mucho la venta a prensa. Lo mismo con libros sobre Pasolini que coinciden con su efeméride. Vas preparando los materiales y, seis meses antes (o a veces mucho menos), hablas con las redacciones. Ellos también te lo demandan: a final de verano quieren saber qué viene en la rentrée y en noviembre preguntan por los libros de 2026.
Raúl E. Asencio: En esa primera lectura, ¿en qué te fijas para crear ese mapa de comunicación?
Marta Sebastián: Trabajas con el autor y ves sus posibilidades. Por ejemplo, con Pablo Cerezo y su ensayo sobre tatuajes, piensas en qué medios puede encajar por su perfil. Si tienes a Leïla Slimani, sabes que además de suplementos literarios puedes acceder a publicaciones más masivas. Es un traje a medida. El editor te pasa el briefing, ves los puntos fuertes y decides si da para una entrevista, una prepublicación, etc.
No hay una fórmula. Puedes tenerlo todo y que ese día pase algo en el mundo que eclipse el libro. O libros que necesitan tiempo para desarrollarse. A mí me gustan las promociones largas porque considero los libros como fondo, no solo como novedad. Aspiramos a que estén en las librerías el mayor tiempo posible.
Raúl E. Asencio: ¿Podrías contarnos el proceso de algún libro del que estés especialmente orgullosa?
Marta Sebastián: Hablaré de Fragmentos de un discurso amoroso de Roland Barthes. Es un libro de 1977, de semiótica, nada fácil ni sencillo; es muy académico. Sin embargo, Inés y Paula (del podcast Punzadas) lo tenían como referencia constante. En España estaba agotado por un tema de derechos, lo que aumentaba el deseo de los lectores.
Cuando por fin se publicó con nueva portada en febrero, vi algo que no había visto nunca: una presentación un sábado a las doce de la mañana en la librería Pérgamo con trescientas personas en la calle para firmar un libro de Barthes. Ellas llenan teatros hablando de este libro y es maravilloso ver a lectores jóvenes viviéndolo con ese cariño.
María Trapero: ¿Y cómo apoyaste este éxito desde la editorial? Porque no basta con el impulso inicial del podcast.
Marta Sebastián: Primero, desde mi admiración profesional hacia ellas; escucho su podcast y leía su boletín. Para ir más allá de las lectoras habituales, cerramos una página muy potente en El País con Sergio Fanjul sobre por qué Barthes es relevante ahora, hablando con figuras como Jacobo Bergareche o Elena López Riera. Salió el Día del Libro y nos vino muy bien.
También buscamos otros canales, como un reportaje especial en la revista Telva para el número de septiembre. Hicimos una sesión de fotos muy chula con Inés, Paula, el autor Pablo Cerezo y el editor David Andrés para hablar de qué lee y qué inquieta a esta generación de jóvenes. Hay que buscar constantemente nuevos canales; todos son valiosos y tienen su función.
María Trapero: Cuando llega el libro, imagino que ya estás trajinando e imaginando. Hay mil ideas efervescentes de por dónde puede ir, ¿verdad? ¿En qué agentes piensas? ¿Con quiénes tienes que interlocutar y qué figuras son importantes?
Marta Sebastián: Pues mira, si es un ensayo convencional sobre el peronismo, piensas en las tribunas de opinión. Intentas que el autor escriba una columna aprovechando la efeméride y hablas con el responsable de esa sección. Si es un libro más literario, acudes a los suplementos literarios intentando entender a quién le puede interesar. Por ejemplo, el año pasado vino Mariana Koppmann, que es científica y autora de un manual de gastronomía científica, para unos encuentros sobre el tema. Ahí el canal claro era Miquel Iturriaga, El Comidista.
Cada libro tiene su canal y su razón de ser; hay que verlos por separado, esto no es un lote donde pasas al siguiente sin más. Por eso es fundamental tener agenda: saber a quién le interesa cada cosa y conocer qué periodistas son más sensibles a unos temas u otros. No se pueden tratar todos los libros por igual porque no lo son.
María Trapero: ¿Tienes figuras especialmente queridas después de todos estos años? Gente con la que te guste contar habitualmente, ya sea por una relación personal o profesional, en prensa, librerías o prescriptores.
Marta Sebastián: Claro que sí. Esther Peñas es alguien a quien admiro muchísimo; vamos con ella a donde sea. Sé lo bien que trabaja y me gusta ofrecerle cosas bonitas para que ella disfrute. Además de periodista, es una fantástica poeta y una mujer excepcional. También está Diego Velázquez, que tiene un club de lectura muy militante y chulo en una librería de Sabadell llamada Mala peça. Un club de lectura motivador es un gran prescriptor para un libro.
En cuanto a autores, me sigo llevando muy bien con Leïla Slimani; fue su cumpleaños el otro día y mantenemos el contacto. Y libreros como Santiago de Sin Tarima, pero no quiero decir nombres porque me dejaría muchos fuera. Todos son importantes, cumplen su función y hay que respetarles como merecen.
Raúl E. Asencio: Enrique Redel nos hablaba de la «termodinámica del entusiasmo»: esa idea de que, cuando un libro te gusta, eres capaz de trasladar ese entusiasmo a toda la cadena (distribuidores, libreros, comerciales). ¿Cómo es tu relación con esos otros prescriptores que quizá no son tan notorios como la prensa?
Marta Sebastián: Antes de nada, no quiero olvidarme de Íñigo Picavea, de Radio Nacional, que es un periodista fantástico que trabaja de una manera muy genuina, amando el libro y la cultura.
Respecto a la cadena, con los distribuidores trato de facilitarles el trabajo: que sepan dónde pueden ofrecer cada libro, qué librerías son más sensibles a ciertos títulos, preparar un buen dosier o un clipping de prensa. Con los libreros igual. Hay algunos que prefieren un trato directo y otros que son más prudentes; hay que mantener un baile respetuoso con todos. No puedes llamar todos los días a los mismos para todo. Hay que ser muy pudorosa, tener la agenda pulida y saber dónde está cada interés. Si conoces un club de lectura de no ficción más politizado, sabes qué libros proponerles.
Lo que buscas es que confíen en ti, que sepan que no les estás soltando un discurso vacío ni leyéndoles la contraportada cuando llamas a una redacción, sino que les dices: «mira, creo que esto te puede interesar». Es una cuestión de respeto al trabajo de todos los agentes del libro.
Raúl E. ASencio: ¿Cómo es la conversación particular con los libreros? A veces los distribuidores llegan con carpetas enormes de novedades que ellos deben ver rápido. Imagino que debe haber otras maneras de mantener esa conversación.
Marta Sebastián: Hay que escuchar mucho para saber qué les interesa o qué les funciona. Si sabes que a una librería le funciona un tipo de libro y ves que te piden más información al enviar la nota de prensa, ahí estableces el vínculo. Pero no hay que ser invasivos; no estamos aquí para un solo día. Una editorial publica muchos libros y hay que respetar los tiempos. Si tienen un club de lectura feminista, les ofrecemos títulos acordes o libros que, sin serlo estrictamente, tengan algo que les pueda encantar. Hay que facilitárselo, porque los libreros trabajan muchísimo y tienen demasiadas novedades a las que prestar atención.
María Trapero: ¿Cómo es tu día a día? ¿Pasas mucho tiempo al teléfono, visitando librerías, enviando correos? ¿Cuál es tu canal más trabajado?
Marta Sebastián: El mundo ha cambiado mucho. Paso más tiempo en Instagram del que me gustaría. De hecho, no tengo redes sociales propias porque, cuando salgo del trabajo, es lo último que me apetece. Pero Instagram es muy visual y funciona muy bien. Quizá debería probar TikTok, que tiene su visibilidad.
También hay que consumir muchísima prensa. Si estás en el médico y ves la revista específica del Colegio de Médicos, puedes mirar si reseñan libros. Si casualmente tienes un ensayo de un doctor sobre cómo afrontar la muerte, ese es un buen sitio para el libro. Hay que tener los ojos abiertos todo el rato: revistas de moda, periódicos, programas de radio, festivales literarios o ferias del libro. Hay que estar siempre escuchando.
Raúl E. Asencio: Sobre el proceso: una vez que el libro sale de imprenta y ya has mapeado el interés, ¿qué materiales creas para promocionarlo? ¿Ediciones no venales, notas de prensa...?
Marta Sebastián: Hablo desde mi experiencia en el modelo de editorial en el que he trabajado, que tiene sus propios presupuestos y dinámicas. Lo primero es tener un buen dosier: una ficha versátil con datos, claves comerciales, una buena sinopsis y una explicación clara de quién es el autor. Ese es el punto de partida para que el librero, el distribuidor o la redacción tengan claro qué tienen entre manos.
A partir de ahí, cada caso es distinto. Hay envíos más académicos, pero otros libros invitan a tener un pequeño detalle. Cuando a Annie Ernaux le dieron el Formentor, trabajamos mucho con las librerías de Palma de Mallorca. Preparé una caja muy bonita con el libro bien envuelto y unos marcapáginas con notas escritas a mano. Hay que cuidar las cosas en la medida de las posibilidades de cada uno; que el receptor vea que no es un simple sobre. También se pueden hacer postales o guías de lectura. En el caso de Punzadas, ellas redactaron una guía de lectura increíble para Fragmentos de un discurso amoroso que está acompañando los envíos y los clubes de lectura. Ese compromiso con la profesionalidad es lo que marca la diferencia.
María Trapero: Hemos hablado de los libreros y de los periodistas, pero nos gustaría profundizar un poco más en las notas de prensa. ¿Cómo construyes una nota de prensa y qué es lo más importante? ¿Cómo manejas el equilibrio para contar un libro sin empobrecerlo o convertirlo en un simple «pronunciamiento temático»? Los comunicadores construís un relato en torno al libro; ¿te preocupa ese peligro de simplificación?
Marta Sebastián: Yo vengo respaldada por una editorial como Siglo XXI, que es de no ficción, ciencias sociales, sociología o política. La persona que recibe una nota nuestra ya sabe qué va a encontrar. No puedo decirte que es un best seller —salvo en el caso de Fragmentos— ni presentarlo como una novela, porque la editorial ya avala el contenido. Es importante que las editoriales mantengan una línea coherente. Cabaret Voltaire es esencialmente francófona y francófila; cuando recibes un libro suyo, ya intuyes el tono. No se puede banalizar lo que tienes entre manos; al contrario, hay que darle la importancia que merece. Quizá en la conversación telefónica o por email ya vas a los puntos más visibles, pero hay que honrar el catálogo. Quienes reciben la información son profesionales y saben lo que hay.
Raúl E. ASencio: Perdona que bajemos tanto al detalle, pero somos aficionados redactando notas de prensa. Has hablado de ese equilibrio entre la sinopsis y los argumentos de venta. ¿Hacia dónde apuntan esos highlights comerciales?
Marta Sebastián: Te los da mucho el editor; él te indica cuáles son las fortalezas del libro y trabajas sobre ellas. Respecto al envío, la nota se manda a una base de datos que debe estar muy limpia y actualizada. Lo mío es un trabajo casi «a mano», en el buen sentido, porque cada persona que está ahí es alguien con quien he hablado. A veces les pregunto directamente qué les interesa para hacerles propuestas específicas. La base de datos está segmentada: medios literarios, generalistas, política, sociología, filosofía o estilo de vida. Ese trabajo no se hace en un día, son años de saber qué le gusta a cada uno.
María Trapero: ¿Sirve tener ese mailing conjunto y quedarse tranquila, o qué peso tienen las relaciones personales y la insistencia?
Marta Sebastián: Tranquila no te puedes quedar nunca porque las redacciones tienen muchísimo trabajo. A lo mejor tienes un libro con todos los elementos para triunfar y ese día pasa otra cosa que lo eclipsa. Me pasó en una Feria del Libro con un libro fantástico, creo que de Francis Montesinos; teníamos todo preparado y ese día murió Rocío Jurado. Las redacciones tuvieron que irse a la capilla ardiente. Los periodistas hacen lo que pueden con lo que tienen en cada momento, y hay que ser respetuosos. No puedes enfadarte si no te hacen caso. Hay que ser compasivo; a veces te dicen: «esto me encanta, pero no puedo darle espacio propio, lo meteré de refilón en una mención». Pues muchísimas gracias, es lo mejor que puedes hacer por mí.
No me gusta mandar libros «al tuntún» porque es una falta de respeto. A lo mejor los diez primeros libros te hacen gracia, pero luego ya no tienes tiempo para más. Yo prefiero preguntar: «¿quieres que te lo mande? Échale un vistazo y me dices si te encaja». Es una relación profesional basada en el respeto al tiempo del otro.
Raúl E. Asencio: Entonces, para recomponer el orden: hay una base de datos segmentada por núcleos de interés a la que se envía la nota. Después, imagino que hay una segunda fase de rastreo para ver quién puede dialogar mejor con el libro.
Marta Sebastián: Exacto, hay que hacer un seguimiento y un acompañamiento. Quizá no interesa ahora, pero sí dentro de un tiempo, o cuando el autor esté en España. Cada caso es un mundo, pero el seguimiento es vital. En las editoriales donde he trabajado he tenido la suerte de no tener que «contar milongas»; lo que ves es lo que hay. Trabajo con honestidad porque no somos para un día; ese librero o ese periodista seguirán ahí muchos años.
Además, hay que ser originales con los formatos. El libro de Barthes, por ejemplo, se puede ver desde la reseña canónica en un suplemento, pero también desde una revista como Telva. César Suárez, que es un lector fantástico, puede ver que ahí el enfoque no es solo el libro, sino una generación de lectores jóvenes que se interesan por textos del pasado que les interpelan. No siempre es la reseña clásica; hay que saber aparecer en todas partes porque nunca sabes dónde te va a encontrar el lector.
María Trapero: Otro canal de prescripción son las redes sociales. ¿Cómo ha cambiado esto la comunicación y cómo te relacionas con estos nuevos prescriptores?
Marta Sebastián: Llega un momento en que el libro cobra vida propia y ya no tienes una relación tan directa como cuando mandas un audio de WhatsApp a Andrés Seoane —que es un tipo fantástico de La Lectura—. Con los libros de Annie Ernaux o Barthes, son los propios lectores los prescriptores más entusiastas. Yo intento estar ahí si necesitan algo, sin ser invasiva.
Hace poco hicimos una fiesta para presentar la nueva etapa de Siglo XXI. Allí estaba, por ejemplo, Bea Jordán, que tiene un canal donde habla de Foucault y de filosofía clásica con su propio lenguaje y estética. Es una joven recién licenciada y su labor es tan valiosa como la de un comité de estudios foucaultianos, porque llega a donde los académicos no llegan. Hay que estar con los ojos abiertos y no ser clasistas. Si alguien está hablando bien de un libro, hay que apoyarle. Eso sí, la honestidad se percibe. Cuando alguien solo quiere el libro para hacerse la foto y no crea contenido real, te das cuenta. A la larga, el trabajo que brilla es el que tiene fundamento.
Raúl E. Asencio: Tenemos la impresión de que la prescripción está ahora muy fragmentada y democratizada. Hay más sitios, pero quizá cada uno pondera menos. ¿Cómo ves tú esta época frente al tiempo «mitológico» de los grandes suplementos? ¿Sigue siendo tan determinante aparecer en Babelia?
Marta Sebastián: Es verdad que todo se ha atomizado y no por salir en un sitio vas a vender más que en otro; lo importante es estar donde tienes que estar. Si das con la comunidad de lectoras adecuada, ese es tu sitio. Pero también quiero poner en valor el trabajo de las redacciones y de los críticos literarios. Son gente que ha leído muchísimo y sus textos son muy valiosos.
Por ejemplo, con Pablo Cerezo estamos felices de que haya salido en ICON o en las contraportadas del Grupo Joly en Sevilla, pero el artículo que escribió Nadal Suau en Babelia tiene una importancia enorme. El trabajo que se hace en los suplementos culturales es fundamental, igual que es importante que se hable del libro en el club de lectura de la librería «Traficantes de Sueños». No hay que quitarle valor a nadie. Los críticos con los que me he cruzado son, en su inmensa mayoría, grandes profesionales.
Raúl E. Asencio: No me refería tanto a la calidad de los textos, sino a la evolución. Imagino que cuando trabajabas en Disueño, la importancia de salir en determinados sitios era distinta.
Marta Sebastián: La contraportada de La Vanguardia es la contraportada hoy y hace veinte años. Es lo único que te puedo decir. Todo está muy bien, pero la contra de La Vanguardia, de El País o del ABC son hitos. Además, hay que valorar el ego en el buen sentido de la palabra. Como decía antes, los autores ponen mucho de su parte y que un autor se vea ahí es muy positivo; que se valore su trabajo. A todos nos gusta que nos digan: «el otro día te vi en la tele» o «saliste en El Intermedio». Eso es muy bonito y hay que fomentarlo, agradecerlo y darle la importancia que tiene. Nunca hay que acostumbrarse a esas cosas.
María Trapero: Novedades y fondo parecen estar siempre disputándose la atención de los responsables de comunicación. ¿Qué pasa ahí? Las novedades son muy demandantes y llevan mucho tiempo. ¿Cómo se equilibra eso con el cuidado del fondo?
Marta Sebastián: Hay libros que ya viven su propia vida. Por ejemplo, Soberanos e intervenidos, de Joan Garcés, es una reedición de un libro ya conocido. Cuando llamas a una redacción, ya saben quién es el autor y cómo tratarlo; no tienes que hacer labor didáctica. Al contrario, estás casi más para aprender de lo que ellos te dicen y utilizar esos argumentos para optimizar tu trabajo.
Yo tengo las horas y las manos que tengo, así que debo ser muy práctica: no hacerte perder el tiempo a ti ni perderlo yo. Si te llamo por teléfono, tengo un minuto para contártelo: «La novedad es esta, es importante por este aniversario o porque este autor tiene mucho futuro». Tienes que jugar con todo. Luego están los libros de fondo que ya tienen su propio recorrido. Canción dulce, de Leïla Slimani, sigue vendiéndose y teniendo ediciones. El otro día, en el instituto de mi hija por el Día del Libro, vi que los estudiantes lo recomendaban. Es un libro que ganó el Goncourt en 2016; diez años después ya va solo. No necesita que lo presentes; a lo mejor eres tú la que aprende del recorrido que ya ha tenido.
Raúl E. Asencio: Insisto en la evolución del oficio. ¿Qué exigencias nuevas han aparecido en estos veinte años? Antes mencionabas que aprendiste francés por Annie Ernaux.
Marta Sebastián: Para mí eso fue fácil porque tenía una maestra increíble. Aprendería francés o lo que hiciera falta. Por ejemplo, yo no sabía nada de flamenco y ahora tengo nociones básicas gracias a que acompaño en estas labores a Carmen Linares, la grandísima dama del género. Tienes que actualizarte, no puedes dormirte en los laureles con tu base de datos y ya está.
Hay muchas cosas que aún no hago. Me cuesta estar frente a una cámara, sin embargo, veo a gente joven de prensa que es una maravilla: cómo se manejan en redes sociales, cómo son sus propias prescriptoras o cómo gestionan sus boletines. Celebro que haya gente preparada con esa voluntad. Mi método funciona porque llevo muchos años y me cogen el teléfono, pero valoro muchísimo a una chica que tiene su propio canal de Instagram y habla a cámara con esa resolución y fuerza. Yo envidio eso. También me admira cuando conducen conversaciones en festivales o presentaciones sin ningún rubor ante figuras importantes, aportando su propio valor. Es algo que valoro muchísimo.
María Trapero: Hablemos de los canales. Conocemos los canales ortodoxos, pero sabemos que en ocasiones has sido «juguetona» y has llevado libros a espacios como la prensa del corazón. ¿Hasta qué punto se agotan los canales o quedan muchos por descubrir?
Marta Sebastián: Los que conozco ya los domino, pero aprendo cada día de vuestra generación. Los canales no se agotan. Por ejemplo, yo no tenía localizado a Héctor Bellerín como un gran prescriptor de libros. Cuando un autor me sugirió que le enviamos el libro, le escribí con modestia: «Hola, Héctor, soy Marta, llevo la prensa de este libro y creo que te puede interesar». Resultó ser un tío majísimo y muy leído. Nunca sabes.
En el mundo del fútbol o figuras como Luz Casal, que recomienda muchos libros... si ves que le ha gustado algo tuyo, le escribes para agradecerlo y ofrecerle la siguiente parte. La cultura interesa y está ahí; no hay que ser clasistas. Todos los lectores merecen respeto. Si a una actriz, a un futbolista o a un presentador le interesa un libro, ¡qué guay!
María Trapero: ¿Y en la prensa deportiva o del corazón?
Marta Sebastián: Eduardo Galeano es muy valorado en el fútbol; de hecho, a Héctor Bellerín le envié El fútbol a sol y sombra. Hace años, en Disueño, llevábamos el Libro Guinness de los Récords. Me lo pasé genial porque es un libro para todo el mundo, incluso para el que no lee. Hacía notas de prensa para deportes, corazón, celebridades, espectáculos... había para todo.
Recuerdo que vino a promocionarlo Svetlana Pankratova, la mujer con las piernas más largas del mundo. Fuimos al programa de Ana Rosa Quintana, estaba Belén Esteban... y yo encantada. Lo que quería era que se hablara del libro y se vendiera. Todo tiene su razón de ser si eres profesional y respetuoso. No hay que decir: «yo no me veo en una de esas» o «no quiero que mi libro se relacione con esta gente».
Raúl E. Asencio: Has trabajado en el Thyssen y con Carmen Linares. ¿Hay vasos comunicantes entre el arte, el flamenco y los libros?
Marta Sebastián: Todo está relacionado. En el Thyssen aprendí sobre promoción y luego en Disueño, con el Flamenco Festival, cerré unas páginas centrales en el New York Times para un bailaor. Te quedas con ese contacto, escuchas sus intereses y, quizá tres años después, vuelves a escribirle: «Hicimos aquello juntos, ¿te interesaría esto otro?». A lo mejor esa persona ya no está ahí, pero te deriva a alguien que lleva libros y que resulta ser fan del flamenco. Eso facilita mucho la recepción.
María Trapero: Hablas mucho de la agenda. ¿Es física, está en el teléfono o en tu cabeza?
Marta Sebastián: Sí a todo. Tengo un Excel con direcciones y teléfonos; mi móvil, donde siempre mantengo el mismo número para que quien quiera localizarme sepa cómo hacerlo; y mi agenda en papel, muy organizada, para saber qué toca con cada libro. La agenda es la vida. Hay que ser organizada porque, si no, el oficio te come.
Raúl E. Asencio: ¿Cómo llevas la falta de tiempo? En Siglo XXI se editan muchos más libros que en Cabaret Voltaire.
Marta Sebastián: En Cabaret Voltaire publicábamos un libro al mes y lo acompañabas de otra manera, pero no creas que es más fácil. El periodismo siempre demanda la novedad más inmediata. Tienes que promocionar con lo que tienes: si el autor vive en Francia y no atiende a medios, pues haces una exclusiva o una prepublicación. Tras veinte años, aprendes a tener atajos. No es más difícil llevar cinco libros a la semana que uno al mes; cada situación tiene sus particularidades y con esos mimbres tienes que hacer el cesto.
María Trapero: El año 2022 fue importante para ti. ¿Qué pasó?
Marta Sebastián: Fue un año increíble. En mayo le dieron el Premio Princesa de Asturias de las Artes a Carmen Linares y María Pagés. Trabajar con la Fundación Princesa de Asturias es un nivel de profesionalidad maravilloso. Y ese mismo año, en octubre, le dieron el Nobel a Annie Ernaux. Tuve la fortuna de llevar la comunicación de un Nobel y de un Princesa de Asturias el mismo año. Todos los medios te llaman y haces muchísima agenda.
Fue un regalo ver cómo trabaja la Academia del Nobel, los documentos que firmas para el embargo del texto que leerá la autora... yo estaba entusiasmada. También en 2024 a Carmen Linares le dieron el Latin Grammy a la Excelencia; recibir correos de Los Ángeles y ver cómo funcionan los Grammy es un aprendizaje constante: los tiempos, los embargos, los empujes de comunicación. Siempre digo que ese año compré lotería por si acaso, pero la lotería ya me había tocado a mí al poder acompañar a estas artistas y vivirlo tan de cerca.
María Trapero: Es una anécdota personal, pero en 2022 yo trabajaba en la distribuidora de Machado y distribuíamos a Cabaret Voltaire. Recuerdo perfectamente estar viendo el Nobel en el móvil y que todo el mundo en la distribuidora gritara: «¡Cabaret Voltaire!».
Marta Sebastián: Os portasteis súper bien. Los libreros se volcaron, los distribuidores también, los medios de comunicación... todo el mundo lo celebró. Ese año es muy especial. Y también lo es por Carmen Linares, que es un nombre fundamental en la cultura de los últimos años, no solo en el flamenco. Ella tiene discos como La antología de la mujer en el cante, que es uno de los trabajos más importantes del género, pero su labor es transversal a toda la sociedad. Ha hecho teatro con Irene Papas y Lola Herrera, ha cantado El amor brujo... Es una gozada que le reconozcan los premios, aunque a mí todo me parece poco para lo que ella merece.
María Trapero: Vamos con la gran pregunta… Ja, ja, ja. Necesito que me expliques cómo es un día tuyo de principio a fin, no solo en el trabajo. ¿A qué hora te despiertas? ¿Qué desayunas? ¿Cómo es tu rutina?
Marta Sebastián: Un «Get ready with me» para trabajar en Siglo XXI, vaya. Me levanto a las siete menos cuarto. Tengo hijos adolescentes que van al instituto, así que preparamos desayunos y empieza el día. Desde hace poco tiempo intento hacer algo de yoga por las mañanas; no creáis que soy una experta, pero noto que me despeja. Me dije: «Marta, o lo haces ahora o no lo harás nunca». Antes de eso ya he abierto el correo para ver si hay algo urgente.
Tengo la suerte de vivir cerca de la editorial para lo que es Madrid, y vengo en bicicleta. Me muevo en bicicleta desde hace muchos años. Antes, cuando iba en metro, aprovechaba para trabajar durante el trayecto. Una vez aquí, abro redes sociales, las cuentas de correo, miro la agenda para ver qué hay hoy y qué vendrá mañana. Organizo envíos a Correos, pido mensajeros si el autor está en la ciudad, gestiono entrevistas y presentaciones... No es que bloquee dos horas para una sola tarea, es un circo de tres pistas: llamadas, emails y gestiones, todo a la vez.
Incluso cuando me voy a comer sigo hablando de trabajo; aprovechas para comentar lo que no has podido antes. Me tomo un café y sigue siendo trabajo, pero como lo hago contenta, no me quejo. Salgo de aquí a las seis y media o más tarde si hay presentación o envíos pendientes de prensa. No son solo desayunos con Premios Nobel; hay mucho trabajo de gestión y de relaciones públicas: «Hola, ¿te acuerdas de mí?». Llego a casa sobre las siete, vuelvo a mirar el correo por si acaso y organizo el día siguiente. Por ejemplo, hoy sabía que tenía esta entrevista y me he arreglado un poco más. También paso por el quiosco cuando salen las revistas mensuales, para ver si han publicado algo nuestro.
María Trapero: ¿A qué hora cenas?
Marta Sebastián: Intento cenar y acostarme pronto. Como estoy dejando de fumar, me voy pronto a la cama a leer para no caer en la tentación.
Raúl E. Asencio: ¿Pasas mucho tiempo en redes sociales?
Marta Sebastián: Más del que me gustaría, pero es por trabajo. A veces te descubres viendo vídeos de perros haciendo trucos durante veinte minutos y tienes que decirte: «Marta, déjalo, esto no aporta nada».
Raúl E. Asencio: Las redes están diseñadas para retenerte; entras para ver qué ha publicado Luna Miguel, Punzadas o Sabina Urraca y acabas viendo a una señora cortando jabones despacito. Es «chicle para los ojos», muy seductor y pegajoso.
Marta Sebastián: No es solo culpa nuestra, está pensado para atrapar nuestra atención. He tenido que sacrificar cosas, como las series, para poder seguir leyendo y atendiendo mis obligaciones familiares. No se puede llegar a todo.
Raúl E. Asencio: Háblanos de tres ejemplos de errores, lecciones o éxitos de los que te sientas orgullosa.
Marta Sebastián: Haces lo que puedes con las herramientas que tienes en cada momento. A toro pasado es fácil tener las respuestas. Cuando llevábamos la comunicación de la editorial Rata y vino Han Kang a presentar La vegetariana, ¿cómo iba yo a saber que ganaría el Nobel? En aquel momento hicimos una presentación en la librería Alberti y no le pedí ni que me firmara el libro. No es un error, es que haces lo que puedes con el tiempo que tienes.
Otro caso fue con Dacia Maraini en Galaxia Gutenberg. Me había documentado, pero no la había leído a fondo hasta que se fue. Cuando empecé con su obra me quedé maravillada y pensé: «¡Ojalá la hubiera leído antes!». Te documentas para saber a quién tienes delante, pero hasta que no te metes en harina no conoces la magnitud del autor. Con Carmen Linares he aprendido de su mano; yo no sabía de flamenco, pero el objeto mismo me eligió a mí. Ahora soy una devota absoluta.
María Trapero: Estamos montando una «biblioteca epicantiana» con recomendaciones de nuestros invitados. ¿Qué libro ha sido importante para ti o es tu favorito?
Marta Sebastián: Hay muchos. Agua y jabón, de Marta D. Riezu, me encantó; pasé un verano entero con él porque cada referencia me llevaba a buscar otra cosa. También Los maestros de la felicidad, de Rafael Narbona, que es como esa clase de filosofía que nunca me dieron en el instituto; me dio muchas herramientas en un momento que las necesitaba. Y en el verano de 2020 me leí Nuestra parte de noche, de Mariana Enríquez, en el Delta del Ebro. Tengo un recuerdo precioso de esa novela tan inteligente y especial.
María Trapero: ¿Y algún libro relacionado con el oficio de los libros?
Marta Sebastián: Me gustan los libros que romantizan un poco la relación entre lectores y libreros, aunque luego haya mucho trabajo invisible de cajas y logística detrás. Recuerdo con mucho cariño 84, Charing Cross Road, de Helene Hanff. Lo he regalado mucho precisamente por esa relación tan bonita que describe.
María Trapero y Raúl E. Asencio: Muchísimas gracias, Marta, por tu tiempo y por esta charla tan nutritiva.
Marta Sebastián: Gracias a vosotros, ha sido un placer. ¡Hasta la próxima!